lunes, 14 de abril de 2014

Mamá: "Cuando crezcas, lo entenderás."

De pequeña me preguntaba de dónde vine. Me preguntaba por qué las verdes hojas de los árboles caían amarillentas en otoño. Me preguntaba por qué esa preciosa guitarra sonaba tan mal cuando la tocaba yo. Me preguntaba por qué mi mamá me reñía si me pintaba cogiendo su mano en la pared de mi cuarto. Me preguntaba tantas cosas que al final acabé respondiéndome... Y sin embargo, todavía hay algunas cuestiones sin responder, cuestiones que creo que jamás podré resolver. ¿Para qué soy quien soy? ¿Para qué estoy donde estoy? ¿Quién seré, y dónde estaré después de que esto acabe? Y... ¿por qué tiene que acabar? Tantas veces pregunté, y tantas veces me contestaron... "Cuando crezcas, lo entenderás." ¿Por qué tengo que crecer? ¿Por qué me obligan a 'madurar'? O ese triste momento en el que alguien desaparece, alguien se va. '¿Dónde ha ido el abuelo, mamá?' Esos momentos en los que no entiendes nada, en los que sientes que la vida te viene grande. ¿Por qué se van los más grandes? ¿Por qué se quedan los injustos, los criminales, los corruptos, los egoístas...? ¿Quién ha creado esto? ¿Y por qué tan mal? "Cuando crezcas, lo entenderás." ¿Por qué ya no puedo llevar mis zapatos preferidos? ¿Por qué "no tengo edad" para jugar al Patito Feo en los recreos? ¿Por qué mi hermana pequeña se ha quedado mi chaqueta de colorines? ¿Por qué me miran raro si necesito cantar las tablas de multiplicar para acordarme de ellas? "Estás creciendo." 
Y entonces, mamá, ¿por qué sigo sin entender la vida?

Lo que ni "yo", conozco de "mí".

"Soy la típica niña que..."
"Soy de esa clase de personas que..."
Parece fácil empezar. Parece fácil describirse, pero creedme, cuando ni tú mismo te conoces, no encuentras palabras para hacerlo. Quizás años atrás hubiese usado alguna de esas dos frases anteriores, u otra más vista todavía; de hecho, probablemente en algún blog anterior me haya presentado así. Quizás porque intento ir a contracorriente, caigo en lo que muchos caen: ser diferente. 
Ser diferente no es ser distinto a los demás; ¿cuántos somos diferentes? Todos lo somos, o todos queremos serlo. Todos somos únicos, o todos queremos serlo. Pero muchos, o todos también, olvidamos que ser único no es algo inusual, es lo típico, lo que 'se lleva', es lo que nos diferencia. 
Ese miedo, ese temor a ser uno más, uno de entre 7,2 millones de personas. ¿Qué te define? ¿Qué me define? ¿Mi forma de pensar? ¿De actuar? ¿De hablar? ¿De escribir? Puede. Pero si no sé cómo pienso, cómo actúo, cómo hablo, o cómo escribo, ¿cómo me defino? ¿Tímida? ¿Extrovertida? ¿Acaso no hemos sido ambas cosas a lo largo de nuestra vida? Esa risa que te salía de pequeño/a cuando esa persona especial te miraba, la vergüenza de decirle 'hola' a quien te gustaba, o de decir palabras que ahora usamos casi a diario, ¿acaso no hemos sido tímidos nunca? O esa indiferencia ante la apariencia de los demás, esa facilidad de hacer amigos, ese afán por decirle a tu mamá que te faltan dedos de la mano para contar a tus mejores amigos, ¿acaso no hemos sido extrovertidos tampoco? ¿Cómo me defino? ¿Generosa? ¿Egoísta? ¿No es el mismo caso? Aquellos bocadillos que partías si tu amigo del alma no tenía, esos cromos que regalabas cuando tenías repetidos, esas ganas de compartir tu muñeca preferida con tu mejor amiga, o ese afán por compartir tu balón con tus compañeros. O ese trozo de plastilina que escondías en tu bolsillo cuando veías que se estaba acabando, esa dificultad por compartir a tu mejor amigo/a con otros compañeros, o esa afición a los secretos. 
Quizás aquello que te defina es aquello que prevalezca, aquello que de ti no se aleje, aquello que por mucho que quieras no podrás cambiar. Es entonces, donde me doy cuenta que sigo creciendo, que donde un día me creía mayor no era más que un simple capullo a punto de florecer, y así continuamente; que donde un día creí tener unas ideas fijas, no tenía más que argumentos mal justificados. Que rectificar, cambiar y mejorar no es ser indeciso, que crecer no siempre es madurar, y que madurar no siempre es dejar de ser un niño. 

"Poesías" de lunes, lunes de "poesía".

Para aquellos que aman,
para aquellos que temen,
para aquellos que sienten,
para aquellos que aguardan.
Para aquel que temió una vez, pero calló sin decir nada, 
para aquel que escondió sus emociones en el momento más emotivo. 
Suerte tiene el que aprende a amar, suerte y valor, podría decirse. 
Quién me enseñara a querer como muchos lo hacen, 
quién me enseñara a amar lo que muchos aman; 
Quién me librara del miedo que me ampara... 
Que me ampara o me desatiende. 
Que allí donde un amor todos prefieren,
me conformo con la soledad y la escritura,
que allí donde para desahogarse beben,
ahogo yo mis penas sin censura.