lunes, 14 de abril de 2014

Lo que ni "yo", conozco de "mí".

"Soy la típica niña que..."
"Soy de esa clase de personas que..."
Parece fácil empezar. Parece fácil describirse, pero creedme, cuando ni tú mismo te conoces, no encuentras palabras para hacerlo. Quizás años atrás hubiese usado alguna de esas dos frases anteriores, u otra más vista todavía; de hecho, probablemente en algún blog anterior me haya presentado así. Quizás porque intento ir a contracorriente, caigo en lo que muchos caen: ser diferente. 
Ser diferente no es ser distinto a los demás; ¿cuántos somos diferentes? Todos lo somos, o todos queremos serlo. Todos somos únicos, o todos queremos serlo. Pero muchos, o todos también, olvidamos que ser único no es algo inusual, es lo típico, lo que 'se lleva', es lo que nos diferencia. 
Ese miedo, ese temor a ser uno más, uno de entre 7,2 millones de personas. ¿Qué te define? ¿Qué me define? ¿Mi forma de pensar? ¿De actuar? ¿De hablar? ¿De escribir? Puede. Pero si no sé cómo pienso, cómo actúo, cómo hablo, o cómo escribo, ¿cómo me defino? ¿Tímida? ¿Extrovertida? ¿Acaso no hemos sido ambas cosas a lo largo de nuestra vida? Esa risa que te salía de pequeño/a cuando esa persona especial te miraba, la vergüenza de decirle 'hola' a quien te gustaba, o de decir palabras que ahora usamos casi a diario, ¿acaso no hemos sido tímidos nunca? O esa indiferencia ante la apariencia de los demás, esa facilidad de hacer amigos, ese afán por decirle a tu mamá que te faltan dedos de la mano para contar a tus mejores amigos, ¿acaso no hemos sido extrovertidos tampoco? ¿Cómo me defino? ¿Generosa? ¿Egoísta? ¿No es el mismo caso? Aquellos bocadillos que partías si tu amigo del alma no tenía, esos cromos que regalabas cuando tenías repetidos, esas ganas de compartir tu muñeca preferida con tu mejor amiga, o ese afán por compartir tu balón con tus compañeros. O ese trozo de plastilina que escondías en tu bolsillo cuando veías que se estaba acabando, esa dificultad por compartir a tu mejor amigo/a con otros compañeros, o esa afición a los secretos. 
Quizás aquello que te defina es aquello que prevalezca, aquello que de ti no se aleje, aquello que por mucho que quieras no podrás cambiar. Es entonces, donde me doy cuenta que sigo creciendo, que donde un día me creía mayor no era más que un simple capullo a punto de florecer, y así continuamente; que donde un día creí tener unas ideas fijas, no tenía más que argumentos mal justificados. Que rectificar, cambiar y mejorar no es ser indeciso, que crecer no siempre es madurar, y que madurar no siempre es dejar de ser un niño. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario